Pérdidas no técnicas
El manual de las villas

Cómo armar la traza en un predio tomado. Cómo encarar el proceso de autoconstrucción. Cómo transformar la villa en un barrio que cumpla con las normas. Un grupo de estudiantes de distintas carreras de la Universidad de Buenos Aires UBA, tiene casi listo un Manual de Urbanismo para ser usado por habitantes de barrios precarios y predios tomados.
Un intento de llenar espacios vacíos que existen en la producción académica pero también en la función estatal respecto de la urbanización y del acceso de la población a una vivienda digna. Esa es una de las maneras -hay varias- en que podría definirse el Manual de Urbanismo elaborado por un grupo de ocho estudiantes de Arquitectura, Trabajo Social y Diseño Gráfico de la Universidad de Buenos Aires. El material, del que aún se están ajustando los últimos detalles, está pensado como “una herramienta teórico-práctica con la que puedan contar los vecinos, ya sea durante el proceso de autoconstrucción del barrio o en el de urbanización”. La cuna del proyecto es la Secretaría de Acción Comunitaria de la Facultad de Arquitectura de la UBA, dirigida por Viviana Asrilant, un organismo que fue creado con la intención de “vincular la facultad con la sociedad en la que está inserta”. Desde allí, el grupo de estudiantes trabajó durante los últimos tres años en 14 barrios precarios y villas de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, asistiéndolos en distintos aspectos del proceso de urbanización.

¿Cómo transformar la villa en un barrio que cumpla con las normas?


–¿Cómo nace el proyecto del Manual de Urbanismo?

Viviana Asrilant: –La base de todo el proyecto fue la atención de consultas que la gente hacía en la secretaría sobre las necesidades puntuales que tenían en sus barrios, aún no consolidados. Se acercaban personas para pedirnos que las ayudáramos a construir un barrio, o que las guiáramos porque les habían adjudicado un plan de vivienda. Nos traían dudas y problemas para resolver en relación con el hábitat en el cual vivían. Tuvimos muchísimas consultas, lo cual demostraba la gran orfandad de la gente en relación con el tema. Es necesario que haya una herramienta como el manual, con la que puedan contar los vecinos, ya sea durante el proceso de autoconstrucción del barrio o en el de urbanización.

–¿Qué descubrieron en el trabajo en los barrios?

Gabriela Sorda (Arquitectura): –Si bien nosotros contábamos con conocimientos, cuando los vecinos nos hacían consultas puntuales no encontrábamos material para responderles. No existe. No hay bibliografía sobre el tema. Entonces aprendimos de las maneras de hacer de la gente.
Sabrina Cifre (Arquitectura): –Hay cosas publicadas, pero sueltas, perdidas en trabajos más amplios. Su búsqueda resulta engorrosa. Hay muchos estudios antropológicos acerca de cómo vive la gente, qué necesidades tienen. Pero no ofrecen una respuesta concreta a su situación. ¿Qué pasa cuando alguien toma un terreno? ¿Cuáles son las primeras cosas que deben hacer? ¿Qué deben tener en cuenta al inicio?

El material está pensado como una herramienta teórico-práctica con la que puedan contar los vecinos, ya sea durante el proceso de autoconstrucción del barrio o en el de urbanización.


El Manual de Urbanismo se encuentra en la etapa final de elaboración. Viviana Asrilant asegura que “la idea fue acompañar cada paso que se da en la consolidación de un barrio”. Tiene tres capítulos. Bajo el título “Urbanismo”, el primero es una guía didáctica de construcción. “Intentamos aconsejar a las personas para que construyan su barrio de la mejor manera posible, de la forma más sana, más higiénica. Apuntamos a disminuir el atentado a la calidad de vida y los incitamos a seguir el código urbano por la simple razón de que es la mejor estrategia para que la posterior legalización sea más rápida”, explicó la secretaria de Acción Comunitaria de Arquitectura. Las medidas de ancho que la ley indica para las calles, las indicaciones acerca de la construcción de puentes y veredas; las dimensiones de los lotes y la instalación de redes de agua y electricidad son algunos de los tips más importantes que se encontrarán en las primeras páginas del libro.
El segundo capítulo, “Dinámica de grupo”, está dedicado a la organización social que se genera alrededor de la construcción de un barrio. Al respecto, el grupo ofrece “herramientas destinadas a lograr que todos los vecinos, o que la mayoría, participen del proyecto; algo vital para que los deseos de todos se concreten. Es necesario que se junten, debatan sus ideas, se escuchen”, sostuvo Melina. La tercera sección del texto ofrece las leyes existentes en la ciudad de Buenos Aires y en la provincia relacionadas con la urbanización, la legalización de barrios y la construcción. Hacia el final, el libro ofrece contactos gubernamentales y de organizaciones sociales que trabajan en la problemática de la vivienda. Una vez editado y presentado al público el mes próximo, los miembros de la secretaría planean distribuirlo en los barrios con los que trabajaron, pero también en los que se creen a futuro. “Queremos que los vecinos se sientan reflejados cuando lo lean y que les sirva como una herramienta. Que no lo tomen como una receta sino como el resultado de un proceso del que ellos también formaron parte”, reflexionó la directora del organismo de la facultad.

–¿Cuáles son los frenos con los que se enfrenta un grupo de vecinos a la hora de empezar a construir un barrio?

G. S.: –En el Gran Buenos Aires y ciudad de Buenos Aires, que es donde trabajamos, localizamos tres grandes conflictos, más allá de problemáticas puntuales que son menores. Uno es el de la urbanización, mucho más solucionable si se trata de barrios que recién empiezan. En los barrios consolidados, que llevan años de vida, es más complejo porque implica tirar casas abajo, por ejemplo. Es mucho más fácil construir bien desde el principio, no sólo para la gente sino también para el Estado. Es mucho menos costoso urbanizar un lugar que está bien construido desde el principio. Por eso, una de las razones de existencia del manual es ayudar a la gente a construir su barrio siguiendo los lineamientos que marcan los códigos de urbanización de cada lugar.
V. A.: –Nos encontramos con realidades difíciles de solucionar. Pasillos intransitables y cosas por el estilo que no coinciden con los códigos. Hubo lugares en donde las personas no querían aceptar planes de construcción ofrecidos por el Estado porque sus casas ya estaban consolidadas de una manera tal que contaban con más espacio que si las modificaban acorde con los planes. La Villa 31 en Retiro es un ejemplo claro. Así como está construida, no puede ser regularizada porque no cumple con casi nada de los puntos de los artículos de urbanismo.

El Manual de Urbanismo se encuentra en la etapa final de elaboración.

–¿Cuál es la solución para legalizar la situación de los miles de personas que allí viven?

V. A.: –Se podría pensar un código específico para ese espacio, que acepte calles más angostas, por nombrar algunos de los puntos polémicos. Sabemos que existen otros tantos casos en los que las leyes se adaptan a la realidad de las personas. No con la vivienda social precisamente sino con otro tipo de construcción. ¿Por qué no puede suceder eso en el caso de las villas?
S. C.: –En ningún lugar se especifican las razones que justifiquen que las calles deben tener determinados metros de ancho o que deben ser derechas. Hay ciudades en el mundo que cuentan con otra distribución del espacio sin que eso genere problemas. La Villa 31 asusta porque no hay revoque. Si se revoca y se pinta, ¿qué pasaría?

–El de urbanización es uno de los conflictos. ¿Los otros?

G. S.: –Las otras dos problemáticas grandes son de dinámica de grupo y el legal.
Melina Espósito (Trabajo Social): –Cuesta mucho que la gente se organice y se integre. Son muchos los integrantes del barrio y muchas veces se contradicen. Y se agrava la cosa cuando se meten punteros políticos en el medio.
G. S.: –Hubo barrios en los que trabajamos en donde en los comienzos había líderes sociales que llevaban muy bien la organización del grupo. Lograban convocar asambleas en las participaban casi todos los vecinos. Hasta que se metieron los punteros, incluso con armas de fuego. Entonces los líderes tuvieron que irse; desaparecieron porque no les quedó otra. Es ahí cuando el avance colectivo se estanca.

S. C.: –En Arquitectura vemos leyes sobre construcción, arquitectura y urbanismo, pero del resto nada. Cuáles son las leyes que pueden ayudar a la gente para organizar y urbanizar el barrio, eso no lo supimos hasta que llegaron con problemas a solucionar.

Las dinámicas internas de cada barrio van cambiando permanentemente.

El ritmo del barrio

–¿Cómo encaran el trabajo en los barrios? ¿Tienen una mecánica que aplican a todos los casos por igual?

V. A.: –La manera de entrar al lugar, de generar confianza, sí es la misma, pero cada barrio tiene una realidad diferente y requiere de estrategias diferentes. Por lo general vamos una vez por semana, nos damos a conocer, vamos recabando información.
M. E.: –Tenemos que adecuarnos a la realidad de cada barrio. Eso costó porque tuvimos que dejar un poco de lado nuestras expectativas para dar lugar a lo que quiere cada grupo de vecinos y trabajar junto a ellos.
G. S.: –Las dinámicas internas de cada barrio van cambiando permanentemente. Por ahí hay momentos en que están enganchados todos a establecerse porque saben que es probable que los desalojen. Entonces hacen asambleas todo el tiempo y están todos movilizados. Y después de dos meses ya no pasa más nada y se estancan.
M. E.: –Eso rompe con todo esquema. A veces vamos con ideas de hacer determinada cosa y pasó algo imprevisto en el barrio que nos cambia todo. Hay que adecuarse a eso. Cada barrio tiene su propia vida.

–¿Es válido decir que no existe otra manera de llevar adelante una toma de tierras sin el apuntalamiento de punteros políticos, como suele pensar la mayoría de la gente?

V. A.: –No. Puede haber casos en que punteros políticos estén relacionados o se acoplen luego de la toma en sí. Pero que hay una realidad, hay una necesidad que no se puede negar. En la inmensa mayoría de los casos, las tomas son llevadas a cabo por gente de los barrios de alrededor cuyos hijos con sus respectivas familias no tienen una posibilidad de tener una vivienda propia y se instalan bajo el mismo techo. La imposibilidad de pagar un alquiler es otra realidad que empuja a la toma. Si se recorren las calles de la ciudad, se puede ver que hay un montón de gente viviendo a la intemperie. La problemática es real y existe. Y que haya personas que intentan beneficiarse con esa situación también lo es. Los terrenos de barrios que surgieron de tomas se venden y se revenden de manera ilegal; hay punteros que se creen dueños y dicen “vos sí, vos no”.
G. S.: –Las tomas y los asentamientos se producen en terrenos que son rechazados por el mercado. Ya sea porque son inundables, porque son basurales o porque están lejos de los centros urbanos. No obstante, cuando son ocupados, la lógica de mercado sigue y la gente termina enredada en ella, aunque en peores condiciones.
Juliana Giménez (Diseño Gráfico): –Las personas que toman siempre lo hacen con la finalidad de comprar la tierra. No apuntan a apropiarse. Porque comprar es una manera de romper con la visión que el resto de la sociedad tiene de ellos: “Estos quieren todo de arriba, regalado”.

–¿Cuál sería la solución?

V. A.: –Detrás de todo esto se esconde una insuficiente política de vivienda que cubra la verdadera necesidad. Existe una política, que hoy es superada por la demanda y con creces.

S. C.: –El primer paso es ponerse a pensar en el tema, reconocerlo como urgente.
M. E.: –La solución tiene que ir acompañada de otro tipo de políticas. Vos le das una vivienda a la gente, pero con eso no consigue trabajo.


“El Estado no tiene estrategia”

¿Por qué existe un vacío de conocimientos sobre la urbanización de barrios precarios?

G. S.: –Nuestras leyes están planteadas para que el loteo –la división del terreno– sea definido por el Estado. Entonces, el tema de la regularización de los barrios y asentamientos siempre se tomó como un paso posterior a la construcción ya existente, llevada a cabo por los vecinos. Para que eso funcione de forma aceitada sería necesario que los asentamientos y barrios se construyeran de la manera que lo requieren las leyes. Pero desde el Estado no se pensó en una estrategia de trabajo que pueda ser replicable.

–¿Podría decirse que el Estado apuesta a esperar que la gente avance sola?

S. C.: –La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a contar con la vereda hecha, la cloaca hecha, los servicios. En cambio, la gente que toma un terreno o inicia un asentamiento ya toma como natural el hecho de que sean ellos los que tienen que construir todo eso.

Las tomas y los asentamientos se producen en terrenos que son rechazados por el mercado.

 



Fuente: Página/12



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